LA APRENDIZ DE ESCRITORA

Publicado en 31 Octubre 2017

El iPod rosa de última generación, de tamaño extra fino, ha empezado a sonar. De los auriculares sale la voz de Eros Ramazzotti directa al corazón suave, clara, como un susurro.

 

“Mil excusas he inventado hoy. Mil excusas, pero a modo mío, evitándome así una historia importante. Yo no sé presumir, ni sentirme muy grande…”.

 

La chica joven está apoyada en una de las barras para parapléjicos de un vagón cualquiera, en una estación cualquiera, del metro de Madrid. Su cara es fina, delgada y posee una nariz afilada y algo más puntiaguda de lo normal… pero no en exceso.

Sus ojos son pequeños -al igual que su boca-, azules penetrantes, despiertos. Su cabello liso, de color castaño claro y largo, le llega hasta la cintura. Es delgada, muy delgada.

Sus pantalones, unos Jeans azul claro relax fit rotos de la marca Bershka, de bajos dados la vuelta, dejan entrever las caderas cuyo hueso se marca a ambos laterales acentuando así su fisionomía.

Vistiendo el torso lleva una blusa blanca, fina y sin mangas. Es una blusa blanca BSK de cruce trasero y la lleva anudada a la altura del ombligo.

Los pies los lleva cubiertos por unas sandalias de tiras de cuero delgadas, negras, amarillas y verdes que dejan al aire los dedos pintados de rojo cereza.

 

Está cansada.

Frank Habitch, Reino Unido 1960 copyright.

 

En las manos lleva un cuaderno de piel, de media cuartilla, de hojas amarillas sin renglones, en el que apunta (a modo de esquemas) datos sobre los pasajeros del vagón. Es un cuaderno de esos que lleva una goma vertical que te permite sujetar las páginas.

 

Mientras nos escudriña hace suyos gestos, movimientos, diálogos…que quizá darán forma a un futuro personaje en alguna de sus novelas. Mientras tanto, muerde suavemente la tapadera de un bolígrafo Pilot clásico de color azul.

 

“Párate un instante, habla claro, como solo sabes tú…”.

 

Eros vuelve a replicar y, en ese mismo instante, ella cierra los ojos y todo se vuelve oscuro. Solo escucha la música que sale a todo volumen de los cascos de su MP3. Vuela y el vagón, sus gentes, la prisa, las vidas, desaparecen mágicamente y, de pronto, se encuentra en Italia, en Florencia con él…

 

-… ¿Sabes que, en la India, algunas tribus, no dejan que los turistas les saquen fotos porque piensan que la cámara les va a robar el alma? -

 

-Sí, bueno… ¿Y? Yo no saco fotografías.

 

-Ya, pero escribes.

 

-y, ¿qué tiene que ver con eso?

 

-Pues que observas a la gente, sus manías, sus tics, su manera de hablar. Te adueñas, en cierta medida, de su alma y la utilizas para crear tus personajes….

 

“… ¡Cómo te querré! ¡Cuánto te querré!”. Eros nuevamente.

 

Una lágrima larga, delgada y muda recorre su mejilla y empapa su rostro limpio, sin maquillaje, bronceado por el sol.

 

Recuerdos.

 

Cierra el cuaderno y, sin mirar atrás, espera a que el coche se pare lentamente en la siguiente estación.

 

Tras guardar el cuaderno de piel en su bolso, abandona lentamente el compartimento y la larga lombriz de acero la ve alejarse muy despacio por el andén de baldosas amarillas.

 

Alicia abandona la estación cabizbaja, envuelta en sus recuerdos, pasando desapercibida para las gentes, para el mundo en general, excepto para mí.

 

“…Una historia Importante”.

 

Jota

Escrito por JOTA HERMÓGENES

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