Siguiendo los pasos de Leonardo. La Última Cena II

Publicado en 3 Enero 2019

"[...]Algo similar ocurrió también con el precepto que prohibía  todo alimento procedente de la generación, en especial la carne. El queso, los huevos y la leche eran igualmente productos pecaminosos, aunque no así el pescado pues entendían que este era fruto espontáneo del agua y no de la generación. No obstante, había que evitar comer pescado los días de ayuno, que eran los Lunes, Jueves y Viernes de cada semana; esos días sólo se alimentaban de pan y agua y, además, se obligaban a seguir este mismo ayuno durante tres periodos del año: antes de Navidad, antes de Pascua y después de Pentecostés” (“Los Cátaros. Problema religioso, pretexto político”. Jesús Mestre Godes. Ediciones Atalaya Península de 1995. Pag: 113)

 

En 1997 Dan Brown sorprendía al mundo dejando entrever una serie de deducciones a partir del análisis simbólico de la acción que transcurre en la obra: La Última Cena de Leonardo. Pero tales hipótesis eran muy antiguas. En realidad Brown simplemente se había inspirado en un ensayo muy anterior de Lynn Picknett y Clive Prince en el que ya ellos reflexionaban sobre una serie de “anomalías desconcertantes” que se podían observar en el fresco. En este ensayo titulado: La revelación de los templarios, ya apuntaban que era muy extraña la falta del cáliz o Santo Grial en la cena de Pascua; la posibilidad de que da Vinci hubiera querido incluir la presencia de una mujer escondida entre sus apóstoles basándose en: lo inusual de la postura de Juan (que en el fresco no permanece recostado sobre el pecho de Jesús -como se refleja en los evangelios- apareciendo representado tal y como el maestro solía pintar a las mujeres en sus cuadros: imberbe, con la cabeza inclinada en señal de sumisión y con las manos cruzadas); el color azul de la túnica de Juan que era frecuente en los ropajes de las Madonnas pintadas en los siglos XV y XVI; el extraño espacio vacío que había entre el apóstol preferido de Cristo y éste -dicho espacio tenía forma de “V” o pubis femenino-; la aparición de la daga en manos de un apóstol oculto…etc. 

Con respecto a la denominada “mano fuera de lugar” o mano con la daga del discípulo misterioso, la restauración que del fresco realizaría la doctora Pinin Brambilla, en 1977, daría respuesta al enigma al aclarar la zona oscurecida en la limpieza y revelar que el cuchillo lo portaba el propio apóstol San Pedro -como así lo atestiguaban los bocetos de Windsor, que es posible que sirvieran de inspiración al maestro antes de realizar la obra-. Pero, ¿por qué San Pedro parece ocultar la daga?. ¿Está Pedro abalanzándose sobre el apóstol amado de Cristo, San Juan? y, lo más importante, qué posible explicación habría dado el maestro ante la censura de la época. Es muy posible que Leonardo se refugiara en el hecho que se narra en los evangelios donde precisamente Juan, en un arrebato, se enfrenta a los soldados que van a prender a Jesús en el monte de los Olivos para dar respuesta a las preguntas de los dominicos. Por otro lado, determinados autores, apuntan que en realidad el gesto de San Pedro hacia el apóstol amado, intenta reflejar el enfrentamiento que en aquellos tiempos -en los del maestro florentino- llevaban acabo la Iglesia material (de Roma) y la denominada Iglesia del espíritu libre (que tenía en San Juan a su máximo exponente) y que durante siglos habría estado predicando herejías como la cátara. 

 

 

“Monseñor, no me lo tengáis en cuenta, más no confío en vos por más hermano mío que seáis”

          (Extracto de la carta escrita por Ludovico a su hermano Arcanio Sforza en 1.499)

Otros autores, como Matteo Bandello, ven en este gesto de San Juan con la daga y en la propia temática de la obra -la traición-, un intento del artista de reflejar el encrespado panorama político en el que se encontraba envuelto Ludovico en el preciso instante en el que se está realizando el fresco. 

En lo referente a la política exterior, los diferentes cambios de rumbo dados por el Moro en busca de alianzas, fueron considerados como traición por más de uno de sus aliados. El panorama interno del país no era mejor como así queda patente en este texto:

Posiblemente, la distribución en grupos y el tema de La Última Cena (La traición) se corresponde con problemas latentes de la conspiración y alianzas que caracterizaron al gobierno de Ludovico Sforza tanto en la política exterior como doméstica. En política interna, el poder de Ludovico el Moro se debía en parte al asesinato de Galeazzo María Sforza (1476), a la misteriosa muerte de Gian Galeazzo (1494), el alejamiento del poder de Bona de Savoia (esposa de Galeazzo y madre de Gian) y eliminación de Circo Simonetta, secretario de estado de los Sforza. El propio Ludovico escapó de un intento de asesinato en 1484, urdido posiblemente por partidarios de Bona de Savoia. Las lealtades traicionadas, incluso dentro de la propia familia, marcaron el curso de la política interior. Todos las fuentes concuerdan en señalar que no existía confianza ni siquiera entre los miembros del propio clan”. ("Leonardo da Vinci. Obra pictórica completa. Frank Zöllner. Ediciones Taschen, 2011. Pag 136)

Respecto a la falta del Cáliz o Santo Grial en la escena que representa el fresco, la respuesta probablemente a tales misterios este precisamente en la propia acción. Según algunos autores (como el propio Javier Sierra apunta tras la publicación de su bestseller La Cena Secreta), Leonardo pretendía dejar claro que Jesús no instaura la eucaristía. No estamos en ese instante preciso que narran los evangelios, sino concretamente -y en exclusiva- en el capítulo 13 narrado por San Juan: “En verdad os digo que uno de vosotros me traicionará”.  

Otros estudiosos dan respuesta, también, al por qué de la representación de San Juan con facciones casi femeninas. Ross king nos remite, por ejemplo, a obras anteriores del propio artista como aquellas en las que aparece el propio Juan El Bautista con gesto casi aniñado. Era muy frecuente en la época pintar la juventud con facciones casi femeninas en los rostros masculinos. Probablemente otra respuesta la podemos encontrar en la posición en la que se encuentra el discípulo amado de Jesús con respecto a éste en el mural. Según los evangelios San Juan descansaba tumbado sobre el pecho del maestro y aquí aparece totalmente separado de él. ¿Por qué?. Muchos apuntan a que tal acción, de haber sido escenificada, podría dar lugar a equívocos y ser tomada como un acto de homosexualidad en la época. Tales insinuaciones no habrían sido aceptadas por los dominicos. Quizás aquí pueda estar parte de la solución a tal enigma. 

Pero los misterios más reveladores fueron pasados por alto por Picknett y Prince y es posible que también por Dan Brown. Tras la restauración de Brambilla Barcilon en 1977, se descubrió que los personajes representados en la obra carecían de halo de santidad y que nunca habían lucido tal signo de divinidad. ¿Por qué?. Según escritores como Javier Sierra, la explicación la podríamos encontrar en la también falta de halo en otras representaciones del maestro tales como su famosa Virgen de las Rocas. “Leonardo, en contra de la tradición de la época, no pintó una reunión de Santos cenando sino una simple reunión de hombres”. (Todos los testimonios de Javier Sierra, autor de “La Cena Secreta”, han sido recogidos de la publicación en la revista “ars creatio”, titulada: “La fe secreta de Leonardo”, fechada en verano de 2018. http://www.arscreatio.com/revista/articulo.php?articulo=347)

Otro de los detalles, que no son recogidos ni en El Código Da Vinci ni en La Revelación de los templarios, es en sí, la propia cena que parecen haber degustado los comensales. Según religiosos tales como Santiago de la Vorágine afirman que:

Cristo desempeñó en esta cena la función de amigo:

 ¿Cómo o en qué sentido?

Comiendo familiarmente el Cordero Pascual.

En el Capítulo 12 del Éxodo se dice cómo debería comerse el Cordero Pascual, y se indica a este respecto las prescripciones siguientes:

Primera: “No comeréis nada de él crudo, ni cocido en agua, sino asado al fuego”  […]

La carne cruda, al no estar ablandada previamente por la acción del fuego, resulta dura; y la cocida, aunque haya sido hervida en agua, suele ser poco sabrosa. Todo esto tiene una clara significación simbólica: comen carne cruda los que tienen crudo su corazón; es decir, aquellos cuyas entrañas son duras por no haber sido ablandadas mediante el fuego de la caridad; comen carne cocida, meramente hervida en agua, los que desconocen el sabor interno de la devoción; comen carne asada a la brasa quienes poseen un corazón piadoso, ablandado por el fervor de la caridad, y un paladar fino que sabe los deliciosos sabores de la devoción interior.

Segunda: “Deberéis comer la cabeza, las patas y las entrañas del animal”.

La cabeza del cordero pascual simboliza la divinidad de Jesucristo.

Capítulo 11 de la primera carta a los Corintios:

“Su cabeza representa a Dios”.

Las patas, en cuanto a extremidades inferiores, simbolizan la humanidad del señor, y las entrañas, su alma.

También nosotros debemos comer todas esas cosas. No comieron la cabeza del cordero ciertos herejes de la antigüedad que sostuvieron que Jesucristo no era Dios. No comieron las patas del cordero pascual otros herejes que afirmaron que el el cuerpo de Jesús no era verdadero, sino sólo aparente, lo cual equivalía a negar la humanidad de Nuestro Señor.

No comieron las entrañas del cordero una tercera clase de herejes, que aunque admitieron que el cuerpo de Cristo era verdadero, negaron que Jesús tuviese alma, y sostuvieron que las funciones que en los demás hombres ejerce el alma racional, en el cuerpo del salvador, ejercíales directamente la naturaleza divina”.

(“La Leyenda Dorada 2”. (Santiago de la Vorágine, Edt: Alianza Forma. 1992, Pag: 948).

Si observamos la escena representada en el fresco no hay ni rastro del Cordero Pascual entre los restos de la cena. No sólo eso, sino que además parece que han comido pescado acompañado de naranjas. Pero, ¿por qué, siendo tan importante el cordero en las celebraciones litúrgicas, Leonardo representa a los comensales cenando pescado?. ¿Quizás tenga que ver con la referencia al rey pescador herido y estéril de la leyenda del grial?. Veamos qué carga simbólica y divina tiene el Pez en las representaciones de la antigüedad.

“[….]Después de que los cristianos primitivos fueron bautizados en una fuente conocida como piscina (´estanque de peces´) a veces se disfrazaban de pez para comunicar su naturaleza rescatada (Eisler 72-73).

Los piscículi (pececillos) cristianos pueden considerarse almas semiconscientes necesitadas de una cura animarum (curación de las almas) debido al desarrollo unilateral de la consciencia descrita de formas tales como el rey pescador herido y estéril en la leyenda del grial y como el signo zodiacal de Piscis. Esta es una representación astrológica de dos peces que nadan en un sentido opuesto en su constelación, y se refiere, según la tradición, a la época de los últimos dos mil años en la que un pez nada en sentido vertical hacia el espíritu y otro en horizontal hacia la materia. Estos dos peces caracterizan con habilidad nuestra división actual entre psique inconsciente y consciente, una división igualmente grave si no se entiende como espíritu carente de encarnación o materia falta de espiritualidad [….].

 

Mientras la mayoría de los peces duerme, en el sentido de pasar algún tiempo en un estado de ahorro de energía, no cierran los ojos, que carecen de párpados, lo que evoca el ojo omnisciente de Dios”

(“El libro de los símbolos”. Ami Ronnberg. Edt: Taschen, 2011. Pag: 202)

Pero quizás la respuesta final a este enigma se encuentre en el propio Leonardo. Como algunos autores, como Javier Sierra, afirman da Vinci era un hombre peculiar en si mismo. “…siempre vestía de blanco y tenía unos hábitos bien extraños para su época. Nunca se le conoció pareja -ni masculina, ni femenina-, y tampoco se le vio comer carne. […]jamás pintó una crucifixión. Era como si abominara la cruz como símbolo religioso.[…] todas esas peculiaridades son difíciles de encontrar juntas en un solo individuo…salvo que fuera un cátaro”.

Pero cómo es posible que da Vinci tuviera contacto con las creencias cátaras. Algunos historiadores admiten, hoy en día, que tras la exterminación de los herejes, en Montségur, en 1244, algunas derivaciones se refugiaron en Lombardía donde convivieron ocultas y en paz hasta el siglo XV.

(Todos los testimonios de Javier Sierra, autor de “La Cena Secreta”, han sido recogidos de la publicación en la revista “ars creatio”, titulada: “La fe secreta de Leonardo”, fechada en verano de 2018. http://www.arscreatio.com/revista/articulo.php?articulo=347)

Extracto del ​​​​​​ensayo: "Siguiendo los pasos de Leonardo. José Hermógenes" (pags.22-28 inclusive)

 

                                            

 

 

Escrito por MÁXIMO JOTA

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